Estudio sexual: las lágrimas femeninas disminuyen el deseo sexual en los hombres.

¿Quién no recuerda una escena romántica de alguna película mítica en la que un hombre ve llorar a una mujer y el muy galán la abrazaba para dar paso a una escena de pasión desenfrenada? Pues resulta que, después de analizar los resultados de un estudio científico sexual, se demuestra que este cliché es completamente falso.

El estudio sexual realizado en el Instituto Weizmann en Israel demuestra que las lágrimas femeninas tienen un efecto negativo en el deseo sexual de los hombres. Más específicamente, el estudio detalla que el hombre disminuye su deseo sexual en contacto con las lágrimas femeninas. Es decir, las lágrimas producirían el efecto contrario al que produce un perfume de feromonas.

Para llegar a esta conclusión se seleccionó un conjunto de hombres y mujeres. A las mujeres se las puso a mirar películas tristes para que empezaran a llorar. Después de esta experiencia, a cada hombre del grupo masculino se le facilitó una solución salina que debía oler. La mitad de hombres tenía una solución salina de laboratorio y a la otra mitad se les dio las lágrimas de las anteriores mujeres. Ninguno de los dos grupos sabía qué tipo de solución estaba oliendo y en todos los casos se declaró que la solución era inolora (como es obvio).

A medida que los hombres olían la solución salina se les realizaba un escaneo para analizar la actividad cerebral. En los hombres que olieron la solución salina de laboratorio no se observó ninguna anomalía. En el otro grupo de control, en cambio, se descubrió una reducción en el nivel de testosterona y en la actividad del cerebro que va asociada con la actividad social.

Así que, de esta manera, se confirma que el deseo sexual de un hombre cuando ve llorar a una mujer decrece. Así que, para todas aquellas mujeres que usan el dolor de cabeza como mala excusa para no hacer el amor con sus parejas (ya explicamos en una entrada anterior que el sexo es un buen remedio para el dolor de cabeza) han de saber que el verdadero truco está en ponerse a llorar justo antes del momento del acto sexual. ¡Seguro que eso sí que funciona!

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